jueves, marzo 13, 2008

La Vespino Rossi



Hace ya muchos años yo era atleta, en aquella etapa de mi vida el deporte era muy importante para mi. Entrenaba en Balaidos prácticamente a diario y me encantaba sentirme en forma. Si en aquella época me hubiesen dicho que iba a terminar como estoy ahora (floja) no lo hubiese creído.
Cuando volvía a casa, si había suerte, me acompañaba otra chica que también entrenaba en mi gimnasio, era maja. Recuerdo especialmente un día en el que subiendo por la calle Tuy iba un señoriño montado en una especie de moto plegable muy ridícula, nos dio un ataque de risa porque el tipo adoptaba una postura más que apropiada para cagar y parecía avanzar a cámara lenta.
Encorvada y con lágrimas de risa en los ojos nos estábamos empezando a recuperar cuando, de pronto, esta chica se incorporó con brusquedad y me agarró del brazo. La miré y vi que señalaba hacia la carretera. Miré y sentí un escalofrío recorriéndome la espalda - ¡mira a ese!
Por la misma calle bajaba un tipo en una moto del chiquiticuantos pintada de rosa y azul pastel cuyo motor hacía un estruendo horroroso, además, el hombre llevaba un casco extraño que se abombaba por arriba dándole aspecto de hormiga atómica.
Nos partimos de la risa mientras yo cruzaba los dedos y me giraba un poco para que mi padre no pudiese verme desde la moto. Si me hubiese saludado en ese momento, creo que me hubiese caído muerta, le dije que no comprase aquel casco portugués, pero me ignoró como cuando le dije que no pintara con aquella pintura que había sobrado de no sé qué la moto de antes de la guerra que le cambió mi tío por mi bici. ¡Que vida cruel!

Nota: para los mayorzotes como yo, recordáis la canción del vespino rossi, una bici hortera de los 80. Recuerdo como papá me cantaba lo de "súbete a mi moto.." y yo escapaba despavorida.

lunes, enero 21, 2008

EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN: LAS DURAS NOCHES

Tras el largo viaje, el paseo por la mierda, el transporte a hombro de las pesadas mochilas, el montaje de las tiendas y la preparación de la cena (todo lo hacíamos los acampados bajo la atenta mirada de los monitores) llegó, por fin, la hora del descanso.

A mi me tocó dormir en una tienda de niñas mayores que yo que me habían adoptado como mascota, me habían cogido cariño al verme hechar la papilla en el bus. Como eran mayores que yo no tenían sueño, las muy cabronas pasaban las noches jugando a dar palmitas mientras cantaban una canción horrible, que repetían una y otra vez y que se grabó a fuego en mi cabeza, decía así: "toma tomate tómalo ia ia o, toma tomate tómalo ia ia o, pof "

Yo intentaba dormir, pero para mi era dificil con luz e imposible con palmas y canciones infernales. Cuando se cansaban de jugar, las muy hijas de puta, se dormían casi al momento, roncaban y giraban sobre mi golpeándome o aplastándome, así que entre eso y las piedras del suelo apenas conseguía conciliar el sueño.

Por las mañanas, cuando por fin Morfeo se había apiadado de mi, decenas de vacas pastaban por el campo de tiendas y me despertaba sobresaltada con el aterrador tronar de sus cencerros. Otro maldito día de tortura me esperaba.

jueves, diciembre 20, 2007

MI PRIMER TRABAJO, CHISPAS: EL OTRO ENCARGADO

En la obra había dos encargados, el que hacía todo el trabajo y el otro.
El otro encargado era un señor mayor que no se movía mucho, estaba un poco gordito y pasaba los días metido en la caseta de obra sudando como un gorrino. Uno puede pensar que tendría trabajo que hacer en la caseta, pero si te fijabas un poco era evidente que no. Se pasaba el 90% del tiempo bajo el umbral de la puerta de la caseta secándose la frente con un pañuelo de tela (parecía siempre el mismo).
Si alguien pasaba por allí les hablaba y daba alguna instruccion, preguntaba por la obra como si no trabajase allí... a su lado, el buen encargado parecía el correcaminos.
A media mañana, el otro encargado sacaba una bolsita con fruta y se la comía despacito. Si le mirabas en ese momento siempre decía - Es que me la manda mi mujer.- Se ve que en la obra piensan que comer fruta es de maricones, un tío de verdad jamás cuidaría su salud.
Una vez, no me acuerdo como, le convencieron para que me enseñase a replantear una planta (colocar ladrillos en los extremos de los que serán los tabiques de las habitaciones). Yo me lo pasé genial, fueron mis primeros ladrillos, el hombre no parecía muy entusiasmado y yo le pedía - ¡otro!¡otro!
Al día siguiente todos me preguntaban - ¿qué lle fixeches ó Manolo? - estuvo de baja una semana, el pobre se debió herniar.

miércoles, diciembre 12, 2007

EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN: LA LLEGADA

Cuando tenía 7 años, mis padres me enviaron a mi primer campamento de verano en los Ancares lucenses.
El viaje hasta Ancares fue una de las peores experiencias de mi vida, era un viaje largo y lento por carreteras sinuosas. Siempre he sido tendente al mareo, pero en aquella ocasión alcancé un estado "vomitoso" hasta entonces desconocido. Yo pensaba que solo podías vomitar cuando tenías algo en el estómago, pero despues descubrí que con el estómago totalmente vacío uno no deja de vomitar, sino que vomita un suero ensangrentado asqueroso. A pesar del tiempo transcurrido, todavía se me revuelve el estómago cuando recuerdo aquel viejo autobús de olor infernal que detenían cada pocos kilómetros para que pudiese vomitar, una vez hube terminado con varias bolsas de papel.
Cuando llegamos a los Ancares, todos mis compañeros de acampada ya me conocían y me miraban con cierta lástima.
La primera imagen que conservo de aquellos maravillosos parajes (a los que no deseo volver jamás) es un pequeño pueblecito de pallozas (casas redondas de mampuestos y techos de paja) muy bonito si nos referimos tan solo al aspecto visual, porque si hablamos del sentido del olfato, aquello era un pueblo de mierda literalmente. Yo tengo aldea y estoy acostumbrada a oler bosta, pero nunca había visto un pueblo cuyos caminos estaban "asfaltados" con ella, es decir, caminabas directamente sobre la mierda.

miércoles, noviembre 28, 2007

MI PRIMER TRABAJO, CHISPAS


Antes de terminar la carrera estuve haciendo unas prácticas en obra por un convenio universidad-empresas, de modo que me pasé los tres meses de verano bajo un sol abrasador que me dejó mi primer moreno tipo obrero (cara y brazos).
Durante ese tiempo, además de aprender mucho, puesto que era una obra muy grande, también me sucedierón muchas anécdotas que iré contando en varias entregas con el mismo nombre.

DAMIÁN

Damián era un chico que trabajaba en la obra como peón, pero era tan mal peón que terminó haciendo solo dos trabajos:
- Regar el camino para que no se levantase polvo con el paso de los camiones.
- Vigilar la puerta desde una caseta para que no entrase gente ajena a la obra.
Damián tenía una especial habilidad para no realizar estas tareas como cabía esperar de una persona normal, porque Damián no era normal.
Los lunes Damián llegaba tarde y traía muy mala cara, bajaba con un rollo de papel higiénico desde su caseta y se pasaba la mañana sentado en el "trono".
El resto de la semana se pasaba el tiempo fumando porros en su destartalada caseta de fabricación casera, la cual, aunque no disponía de chimenea parecía tenerla pues siempre salía un hilillo de humo. El encargado solía hacer comentarios del tipo "un día va a salir ardiendo".
Nunca llegué a ver a Damián regar el camino por su propia iniciativa, el encargado tenía que instarle a regar cada vez que era necesario.
Un día se formó un revuelo y subimos a ver. Una familia se había plantado con sus sillas delante de un gran camión que pitaba de forma continuada. Había un niño pequeñito que lloraba mientras su madre lo sujetaba a la silla. Aquella gente se quejaba porque no podían abrir las ventanas de su casa por culpa del polvo.
Ese fue uno de los primeros días que despidieron a Damián. Lo readmitían cada vez que su madre volvía llorando porque no lo soportaba en casa.
Lo de vigilar quien entraba tampoco era lo suyo, por aquella puerta entraba cualquier hijo de vecino a curiosear y Damián no se movía de la caseta. Nos encontrábamos por la obra con gente que iba a la playa, gente durmiendo, vecinos atajando y hasta señoras en pantuflas (bueno, solo era una pero vino muchas veces).
Solo había una persona a la que Damián impedía el paso a obra: la Guardia Civil. Se plantaba delante del Land Rober de los picoletos, haciendo un aspa con su cuerpo y pronunciando aquella frase que luego se hizo tan famosa "NO PUEDES PASAR"
El encargado se echaba las manos a la cabeza y les decía a los agentes "perdonen, es que el chaval es tonto"
Solo existe en el mundo una persona capaz de igualar el intelecto de Damián, un peón de la obra que se pasaba los días deambulando por allí sin hacer absolutamente nada. Cuando le preguntaban qué hacía, siempre respondía que estava buscando la radial, aunque llevase una en la mano. Quien consigue que le paguen un sueldo durante tres meses para buscar una radial, el tío era un fenómeno. Un día el encargado le pidió que metiera unas piezas de andamio en la furgoneta y cuando nos fijamos, nos dimos cuenta de que las pieza que metía en la furgoneta las estaba sacando de un andamio en el que estaba subido un compañero, ¡estando el suelo lleno de ellas!
En fin, profesionalidad total!

martes, noviembre 20, 2007



COMPAÑERISMO AUTÉNTICO


Un tipo de mi resi se despertó un día en medio de la noche. Sorprendido y sobresaltado, se preguntaba a sí mismo quién le había separado de los brazos de morfeo cuando, un fuerte hedor le hizo comprender que la razón se hallaba a escasos centímetros de su cama. Su compañero de habitación se había cagado en medio de las camas gemelas y dormía, a su lado, plácidamente con cara de satisfacción.

¡Bendito alcohol! ¿qué sería de las anécdotas si él?

martes, noviembre 13, 2007


ABRE FÁCIL


Era una noche oscura y brumosa, nada se oía por los desiertos pasillos de la siniestra residencia cuando, de súbito, un ensordecedor grito quebró el silencio, y a continuación... nada sucedió, todo volvió a la normalidad. ¿Todo?

Nadie había oído mi grito de dolor, estaba sola mientras me sujetaba la mano ensangrentada. No conseguía tomar una decisión, debía despertar a alguien para que me ayudase o la cosa no sería tan grave.
Sin éxito trataba de mirar la mano herida que no cesaba de sangrar, el pánico me impedía ver la brecha. Temía que se me fueran a salir los higadillos. Estaba decidido, ¡necesitaba ayuda!

Salí al largo, oscuro y vacío pasillo que, como si de un capítulo de Dr. Who se tratase, parecía alargarse y multiplicar el número de puertas y sus números inscritos. Avancé hasta el final buscando una luz, una esperanza...

Cuando me giré para recorrer el otro tramo de pasillo creí oir a mis espaldas el triciclo del niño de "El Resplandor" y surgió en mi cabeza la imágen de un río de sangre bajando aremolinada por las escaleras. Reprimí un grito en mi garganta y avancé deprisa por el tramo que quedaba.

De repente, un destello, aun podía salvarme de morir desangrada. El dolor iba esapareciendo mientras apretaba la mano con fuerza. Una vez mas las dudas me asaltaron, ¿sería aquello una buena señal o la señal de que ya era inevitable la amputación de la mano?

Apresurada llame a la habitación de una desconocida con la intención de pedir auxilio. Toc, toc. Por unos instantes, en mi cabeza, danzaron todas las posibles respuestas a la pregunta ¿y quién digo que soy a estas horas?

Decidí que la mayoría de las opciones que me venían a la cabeza de forma natural eran demasiado alarmistas así que, finalmente, opté por algo sencillo y sincero como - Hola, soy la de la 1111, me puedes abrir. Me he cortado y no sé qué hacer.

La chica, muy atenta aunque algo asustada, me atendió y me recomendó llamar al vigilante nocturno. ¡Qué obvio! llamar al vigilante nocturno, ¡je!, me quedé con cara de parva ¡¿Por qué no se me ocurrió?! ¡MALDICIÓN!

El vigilante nocturno, aunque parecía bastante borde, resultó ser muy amable y me hizo una cura, después de fozar un poco en la herida (abrir-cerrar-abrir, muy doloroso), y después de intentar convencerme de que fuera a urgencias para que me cosieran. Fueron momentos difíciles, me debatía entre el pánico a que me zurcieran y el pánico a mancillar mi mano de por vida con una cicatriz de carpintero.

Finalmente opté por la cicatriz, aunque me pasé toda la noche lamentándome y autocompadeciéndome. Los días siguientes estuvieron bien, haciendo lo que mas me gusta, ¡contar batallitas! and I did it my way:


- Era de madrugada, todos dormían, yo tenía hambre . Registré mi estante pero no quedaba comida, solo una pequeña lata de conservas ¡a por ella!. Entonces leí la caja, "abrefácil", ponía. ¡estupendo, esto está hecho! y cuando tiré del abrefácil ¡RAAAAASSSSS! se soltó de la lata y me rajó la mano. Mira mira, me querían coser, pero yo paso de mariconadas, jojojo!

miércoles, octubre 31, 2007



PARECIDOS RAZONABLES

Es habitual que nadie coincida conmigo cuando digo que dos personas se parecen, es más, el comentario suele ser del tipo: ¡no se parecen ni en el blanco de los dientes!. No sé cuales son los rasgos que retiene mi cabeza, pero está claro que establece unas relaciones que los demás no ven (o no saben apreciar).


El caso es que cuando me fui a estudiar a A Coruña tardé unos tres meses en darme cuenta que un chico de mi residencia era en realidad tres chicos diferentes que a mi me parecían trillizos tan solo por ser altos y morenos. Tras conocerlos y distinguirlos me di cuenta de que eran completamente distintos; sin embargo, las primeras semanas yo flipaba, porque me cruzaba con un chico que volvía a encontrarme de frente a escasos metros y no podía entender cómo se movía tan rápido. Le llamaba "el hombre bala".


Tambien tuve un compañero de clase en el instituto al que llamaba "Bobby" por su gran parecido con el personaje de la serie "Dallas" (hermano joven de J.R.). Solo yo veía ese parecido, así que nadie me entendía cuando hablaba de él -¿qué Bobby?- me preguntaban. Creo que nunca supe su nombre, así que cuando hablaban de él yo preguntaba - ¿Quién? ¿Bobby? - a lo que respondían de nuevo - pero, ¿qué Bobby?. Menos mal que tenía una amiga que solía hacerme de intérprete.


P.D.: Puede que a veces me crea muy lista, pero luego escribo estas cosas sobre mi... y no sé que pensar.

lunes, agosto 13, 2007


JIMMY CORRIGAN, El chico más inteligente del mundo, por Chris Ware


El título de este blog es un pequeño homenaje a esta gran obra que yo no podría describir mejor de lo que lo hace el señor Andrés Burgos, por lo que cito textualmente:



Jimmy es calvo prematuro y está algo pasado de peso. A la mitad de sus treintas, con frecuencia lo confunden con un anciano enfermizo. Sufre de timidez patológica y dependencia edípica, ambas realmente densas. Acaba de recibir en su cubículo anónimo de una oficina gris una nota que dice: “me he sentado frente a ti durante seis meses y no te has fijado en mí ni una sola vez, adiós”. Jimmy mira por la ventana y ve a un tipo vestido de superhéroe arrojarse desde la azotea de un edificio vecino. Los consiguientes dibujos minuciosos no nos ahorran el cuerpo estrellado contra el asfalto, el corrillo de curiosos ni la sensación de que ese suicida era el ignorado compañero de oficina.

Así se plantea, desde la primeras páginas, el tono que sostendrá a lo largo de muchas otras una de las novelas gráficas más ambiciosas en la historia del género: Jimmy Corrigan, el chico más inteligente del mundo.

La historia autobiográfica en la que Chris Ware, un autor ya mítico en el medio, nos narra el reencuentro de Jimmy con un padre desconocido se irá expandiendo con un ímpetu avasallador en distintos planos temporales, licencias oníricas y personajes convergentes. A la vuelta de cada hoja el lector puede esperar dosis de sorpresa que no pocas veces rayan con la paradoja.

La estética de Jimmy Corrigan , que delata la fascinación del autor por algunas tendencias vintage marca con claridad los límites entre la narración y los deleites esquizoides de un dibujante compulsivo. Incluso un lector poco entrenado puede seguir la trama si no se preocupa demasiado por la dilación en el cruce de algunas historias.

Quien acompañe en su viaje a este Odiseo nada heroico revisitará, de la mano del humor corrosivo que ostentan ciertos espíritus calmos, paisajes que le traerán a la memoria las atmósferas, silenciosas y perturbadoras, de los cuadros de Edward Hopper, o evocará sin remedio los escenarios de algunas películas independientes americanas donde siempre es otoño frente a una gasolinera vacía. Aquellos que sientan debilidad por el halo de las melancolías inaprensibles tendrán su recompensa en personajes desamparados mirando a la nada y transiciones pacientes, donde se emplean cuantas páginas sean necesarias para hipnotizar al lector con la caída de la nieve o el asalto de la sombras nocturnas sobre los tejados.
Quizá los principales personajes de esta historia sólida y profunda, incluso por encima del propio Jimmy –que no es ni de cerca el chico más inteligente de ningún lugar-, sean los escenarios corrientes, cargados de poesía por la pluma de Ware, donde el vacío que reina en el interior de los seres humanos se llena con el susurro de un mundo que nos abruma si le prestamos atención, un susurro que sólo los genios saben plasmar en las páginas de un libro.

domingo, agosto 12, 2007


¡QUÉ HUMILLANTE!

Desde siempre en mi familia se ha discrepado sobre el parecido que guardo con mis padres. Supongo que es un entretenimiento habitual en todas las familias, pero es que mientras que mi familia paterna afirma que soy la viva imágen de madre, mi familia materna asegura que mi padre y yo somos como dos gotas de agua. Es decir, todos reniegan de mi.
En definitiva, tanto mis padres como yo, la unidad familiar, opinamos que me parezco mucho más a mi padre. Quizá no tanto físicamente como en el caracter. Siempre he creido que mi padre me leía la mente, mientras que a mi madre le podía engañar con facilidad.
Por poner un ejemplo, cuando estaba en sexto de EGB, tenía un profe que nos obligaba a llevar a casa los exámenes corregidos para que los firmaran nuestros padres. Un día llevé un exámen de sociales que no me había salido muy bien, no recuerdo si lo había suspendido, pero sí que recuerdo perfectamente que durante el exámen le había pedido a mi compañera que me soplara algunas respuestas. Nunca me ha gustado la geografía.
Le di el exámen a mi padre y al cabo de un momento me dijo la siguiente frase que quedó grabada a fuego en mi cabeza:
- ¿Qué es esto?
- ¿Lo qué?
- Aquí te preguntan el nombre de la isla que se encuentra al norte de nomeacuerdodonde.
- ¿Si?
- Y tu has contestado que se llama Nidea
Y entonces lo vi claro, ni yo misma me había dado cuenta hasta ese mismo instante, pero él lo sabía ¡mi padre me lee la mente antes que yo misma!
- ¿Si? (glups)
- No será que intentabas copiar de otra que sabía menos que tú, y como estás sorda no le entendiste y escribiste que la isla se llama "ni idea"
Y eso que mi padre no entiende ni papa de geografía ¡Tierra trágame!

viernes, julio 27, 2007



VERÍDICO

Hace unos años, era habitual que mis padres y yo quedásemos con mis tíos y mis primos para ir juntos a sitios.
Un día fuimos hasta Portugal, a una feria que hay enfrente de mi aldea. Después de dar unas vueltas nos fuimos a comer.
Miramos en varios sitios y al final nos metimos en uno que tenía buena pinta y que en la puerta tenía un cartel que ponía "so bacalhau".
Mis tíos, mis padres y yo teníamos intención de tomar bacalao porque a todos nos encanta y en Portugal lo preparan especialmente bien. Sin embargo mis primos, que todavía eran pequeñitos y no comían muy bien, no pensaban tomar bacalao de ninguna de las maneras.
Mi tía pidió una carta al camarero para que los niños pudiesen elejir.
- Nâo carta, so bacalhau.
- Y no tendreis unos huevos fritos o unos filetes para los niños, que no les gusta el pescado.
- Nâo, so bacalhau.
Todos le miramos con complicidad, pensando que el hombre intentaba tomarles el pelo a los peques. Pero el hombre se quedó serio demasiado rato y al final mi tía pidió bacalao para los niños.
Cuando el camarero se fue, comentamos lo increible que nos parecía que no tuviesen un par de huevos (de gallina) y llegamos a la conclusión de que sí tenían huevos, pero no les salía de las pelotas cocinarlos.
Después de servirnos las bebidas, cuando llevábamos un rato haciendo coñas del tipo:
- ¿Tienes hora?
- Nâo, so bacalhau.
El camarero volvió y nos dijo la siguiente frase (VERÍDICO):
- E que non temos bacalhau, ¿traemos uns filetes o uns ovos frixidos?

Pues eso... que se nos quedaron los ojos como huevos duros.

jueves, julio 26, 2007


Lo siento, no he podido evitarlo, él vino a mi!

LOS PUNKIS

Fue en una tienda del centro donde escuchamos esta conversación surrealista entre dos dependientes, chico y chica, a cada cual más pijo que el anterior.
El chico, que se había asomado por la puerta de la tienda, como sus calzoncillos asomaban bajo sus pantalones, entró alteradísimo, dando saltitos como si se meara encima.
- ¡María, María, ven corre!
- ¿qué?
- Jo tía! sales fuera, miras p'arriba, miras p'abajo y to punkis.
- ¡NO!
- Que sí tía! y además llevan bates, ¿llamamos a la policía?
- A ver.
La chica salió de detrás del mostrador y juntos de la mano se dirijieron de nuevo a la puerta, sin terminar de cobrarnos lo que habíamos comprado. Se asomaron un poquito, como en el cuento del lobo y los corderos, "saca la patita por debajo de la puerta". Después ya se hacían pis los dos.
- Jo tía, siguen ahí!.
- Jo tío! ¿que hacemos?
- No sé, habrá que esperar a ver si hacen algo.

Finalmente, la chica terminó de cobrarnos lo comprado y salimos a la calle. ¡Salimos!
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¿¡¡¡¡¡¡CON FLAUTAS!!!!!!?

martes, julio 17, 2007

TIERNA INFANCIA

Cuando era pequeñita íbamos todos los fines de semana a mi aldea, y también pasábamos allí las vacaciones de verano.

Mi casa está en una aldea auténtica, alrededor soló hay otras tres casas y están bastante lejos. En una de estas casas había otros dos niños uno y dos años mayores que yo que eran hermanos.

Su madre los vestía igual, normalmente iban con unos pantaloncitos cortos y unas viseras azules a juego y eso hacía que parecieran más tontos, en plan Pocholo y Borjamari.

Solían venir a nuestra casa a jugar conmigo o a ver a mi padre, porque mi papá es el mejor papá del mundo mundial y todos mis amigos, conocidos y compañeros de clase me tenían envidia por ello. Porque mi papá, no solo arreglaba coches, sino que sabía hacer juguetes con casi cualquier cosa.

Estos chavales, Edu y Manu, eran como el gordo y el flaco. El mayor, Manu, era más alto y delgado, y también tenía peor caracter. Edu, por el contrario, era más bajito y regordete y bastante mejor persona, más afable e ingenuo. Para mi, su momento estelar fue cuando cogió un empacho comiendo moras.

Habíamos ido a por moras los tres, y como era la época conseguimos muchísimas. Edu empezó a comer moras directamente de las zarzas, a pesar de que le advertimos de que estaban al sol y no era prudente. Luego nos fuimos a casa y las lavamos. Manu y yo comimos moras hasta hartarnos, pero Edu que había terminado las suyas siguió comiendo de las nuestras. Mi madre le advirtió pero él no le hizo caso y luego tuvo una fiebre terrible y cagalera durante una semana. Casi la palma por glotón. Jamás he vuelto a ver a nadie comer de esa manera.

Edu y Manu solían acercarse a casa después de comer. Siempre se escondían para que no los viésemos y entrar por la ventada de atrás en la casa. No recuerdo que lo consiguieran nunca, siempre los veíamos antes porque sus gorras asomaban por encima de la piedra por la que pasaban a gatas. A veces, por pena, hacíamos como que no los veíamos.

Lo que más ilusión le hacía a mi madre (que no era muy buena cocinera) era que ellos siempre se apuntaban a la comida aunque acabaran de comer en su casa.

Luego pasábamos la tarde jugando juntos. El juego que más le gustaba a Manu era ponerme a prueba. Yo les ganaba siempre al escondite (no eran muy buenos) y él me retaba a hacer cosas que creía que no me atrevería a hacer. Nunca hubo una piedra o un árbol al que él pudiera subir y yo no (aunque yo era más joven y más pequeña). Jugando al escondite los encontraba enseguida y cuando me escondía yo terminaban por aburrirse, pedirme que saliera o irse a su casa (es que soy muy de monte). También hacíamos excursiones y a la vuelta me decía - es por aquí - y yo le respondía - pues antes fuimos por este otro camino - pues nosotros vamos a ir por aquí que se llega antes - pues yo voy a ir por allí que es el camino que conozco - pero este es un atajo - pues me da igual...

Lo mejor de todo es que mientras Manu intentaba engañarme Edu le susurraba - Manu, Manu, creo que tiene razón ellla.

Luego nos íbamos cada uno por su lado y al cabo de un rato me alcanzaban porque mi camino era el correcto.


En el "palleiro" tenía un baúl con ropa vieja con la que mi madre nos dejaba jugar y hacíamos obras de teatro.

Nunca se irá de mi cabeza el recuerdo de que Edu se pasaba el verano disfrazado de mariachi con un sombrero de paja de mi madre el bañador y mi chaqueta austríaca ¡¡de lana!! que picaba horrores y le quedaba pequeña. ¡Le encantaba!

Con ellos ví la bola de cristal, E.T., verano azul, V y la verdad es que conservo un montón de buenos recuerdos.

Un verano Manu provocó un incendio sin querer. Para nosotros fue divertidísimo, nos pasamos la tarde en la piscina (una poza) riéndonos porque los bomberos en vez de utilizar agua intentaban apagar el fuego golpeándolo con una especie de pala.

Aun a riesgo de parecer prepotente lo diré, les daba mil vueltas. No sabían nadar ninguno de los dos y llevaban manguitos en la poza que apenas cubría. Yo ya nadaba al menos tres estilos (croll, espalda y perrito). A veces intentaban hacerse los interesantes y tardaban en venir, pero yo nunca fui a buscarlos, sabía cómo hacer que vinieran. Era como un juego, el "veamos quién es mas terco". Ellos se ponían a jugar a la pelota, yo les veía sin que se dieran cuenta y empezaba a hacer que jugaba a algo mucho más interesante. Iba de un lado a otro como recogiendo cosas y después hacía como si estuviese muy concentrada preparando algo en un lugar donde pudieran verme. Al poco tiempo ya notaba como se giraban a ver y en pocos minutos los veía bajando el camino. Luego se escondían para espiarme, pero lógicamente los descubría. - ¿Qué hacías?- me preguntaban, y yo, les contestaba muy enigmática - No es asunto vuestro.- ¡et voilà!, a jugar.


Nuestra amistad terminó de repente un día que encontré una bellota gigante y Manu me la robó diciendo que el árbol lo había plantado su padre. No volví a dirigirles la palabra, entonces tenía un carácter...

Nota: Cabrón, devuélveme MI bellota!!




martes, junio 19, 2007


TIPOS DUROS

Una de mis tareas principales consiste en visitar obras de construcción. A lo largo de mi experiencia profesional he podido concluir que durante estas visitas pueden suceder acontecimientos harto sorprendentes.
Mi trabajo, para no entrar en detalles, consiste básicamente en pasear por la obra mientras observo como los demás trabajan, ¡mola!.
El caso es que la semana pasada sucedió uno de esos extraños acontecimientos. Mientras caminaba por una de las plantas del edificio en construcción, giré una esquina y de pronto sentí como algo se movía en el suelo y se oía un sonido agudo: iiiiii iiiiiii.
Sin pensarlo dos veces me aparté imaginando que entre aquellos papeles de periódico arrugados aparecería una rata asquerosa. Hay que ser muy cerdos para tener ratas en los pisos altos de una obra que aun no está terminada.
Me dirigí hacia las escaleras, pues no tenía ninguna intención de ver a un animalito tan distinguido por su capacidad para transmitir múltiples enfermedades.
Sin embargo, había algo en la escena que no terminaba de encajar: papel de periódico, suciedad típica de las obras... hasta ahí todo en orden. Restos de un bocata, botellita de agua... STOP
¿Desde cuando a un obrero le sobra pan del bocata? y lo que es más extraño ¿botellita de agua? ¿quién daría de beber a una rata?
Volví sobre mis pasos y con cierto temor me asomé a hechar otro vistazo al lugar. De pronto, de entre los papeles de periódico asomó un asqueroso... pajarito, medio desplumado con el pico tan abierto que no se le veían ni los ojos, bueno, bien mirado era hasta tierno.
Pregunté de quién era y reconocieron que lo estaban criando entre todos ¡que cucos!.
Sus padres habían anidado en la grúa torre y sus hermanos lo habían hechado del nido, cuando lo encontraron les dio tanta lástima que decidieron cuidarlo a pesar de tener herida un ala.-Hoy está mucho mejor- decían orgullosos.
Les dije que parecía espabilado, que solo aleteaba, piaba y abría la boca cuando alguien pasaba cerca de ella. Todos se sonrieron entre sí como diciendo - ese es nuestro pajarillo.
El gruista se acercó y cogió la botella de agua, pensé que se la hecharía en algún recipiente, aunque no veía ninguno por allí. Pero el hombre vació la botella directamente sobre la boca del pollito, creí que lo ahogaba, pero cerró la boca y engulló el agua tan rápido que daba miedo.
Después les pregunté que pensaban hacer con él y me explicaron que pensaban devolverlo al nido cuando estuviese recuperado. Luego bromeamos sobre que ahoran tenían un doble trabajo, si les pagaban un extra y esas cosas y después me marché.
Me fui de allí con una sonrisa en los labios pensando que, aunque presuman de ser tipos duros, son unos blandos. Sin embargo, cuando llegué a la oficina y empecé a redactar el informe correspondiente a la visita se me calló el alma al suelo, ¿y si mañana leo en los periódicos "Trabajador muere tratando de devolver un pollo lisiado a su nido"? ¿quien es la blanda?

P.D. Si buscáis pollo urraca en google os aparecerá esta imagen en la página 6. Nunca entenderé este tipo de relaciones.

miércoles, mayo 23, 2007


ALIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO



Hace años, cuando extrenaron Alien 3, le pedí a una amiga que me acompañara al cine a verla. A mi amiga no le entusiasmaba demasiado la idea, principalmente porque no había visto ni Alien ni su primera secuela.


Para convencerla le dije que no estaban demasiado relacionadas entre sí y que contándole la primera (la única que yo había visto) comprendería todo perfectamente.


De camino a la parada de autobús le fui contando la primera peli a grandes rasgos: - y entonces hay unos tíos que van en una nave por el espacio... y entonces va y aparece... y al final...


Todo parecía ir bien hasta que al final, cuando llegamos a la parada de autobús, termino de contarle la película y va mi amiga y me dice: - ¿y el Alien?


Me quedé así como en blanco mirando al vacío y entonces me di cuenta... ¡le había estado contando "2010 Odisea 2"! ¡Confundí a Alien con el Monolito y a Madre con HAL 9000! ¡vaya una mierda de friki!

jueves, mayo 10, 2007

EL COBRADOR DEL FRAC

Tengo unos clientes que son una pandilla de morosos asquerosos. Me pasé un año entero visitándoles semanalmente para cobrar sus facturas, que por supuesto nunca pagaban.

Su sistema de excusas tipo "es que" está muy bien estudiado, se nota que son profesionales: - es que no hay cambio..; - es que se acaban de llevar el dinero a la caja..., etc...

Hasta tenían el rostro de ponerse a contar un fajo de billetes delante de mi: -es que es para es para pagarle a otro proveedor... ¡MISERABLES!


Acabé poniéndome MUY seria y fue entonces cuando usaron la "excusa infalible": - es que somos unas mandadas, como tú... ¿Se puede revatir algo así?

Me rendí y opté por pedir ayuda al supremo: mi jefe.

Cuando llegamos allí, habló mi jefe, con su voz ronca de "fumadorempedernidoqueasusta": - ¿Dónde está el dueño? quiero hablar con él de un asunto. - A lo que respondieron: - El jefe se fue al médico, volverá más tarde - Otra típica, manida y falsa excusa.


Mientras esperábamos, mi jefe y yo, nos fuimos a tomar algo al bar. La camarera puso cara de sorpresa al ver una "extraña pareja" como nosotros. Además de la diferencia de edad, él es un señor muy alto y siempre va de traje y corbata (muy comercial); mientras que yo, por contra, soy bajita y traje, lo que e dice traje, nunca me he puesto.

Lo admito, no pegamos ni con cola, a su lado parezco una niña, lo cual en lugar de alegrarme me hace sentir ridícula.


Nos tomamos unos cafés y a la hora de irnos, va mi jefe y me dice que no lleva dinero, ¡que pague yo!. No es que me importara pagar, pero lo cierto es que en esa ocasión sentí vergüenza ajena y creo que la camarera también. Ya había puesto cara de extrañeza al vernos entrar , pero se notaba que le desconcertaba que de los dos fuera yo quien pagara la cuenta.

Saqué mi monederito de Pucca del bolso de la pantera rosa y pagué. Mi jefe ni se inmutó, está acostumbrado a ponerse en evidencia por sus propios méritos.


Finalmente los morosos nos pagaron, estoy convencida de que no tuvieron otro remedio, tan solo les quedaba por utilizar la excusa: -Es que el perro se comió los billetes.

viernes, mayo 04, 2007

SORPRESAS TE DA LA VIDA

El otro día quéde con una amiga y mientras esperaba por ella delante del portal de su casa, escuché la conversación de dos yonkis que también estaban allí.
Ambos vivian en el edificio de mi colega y estaban esperando una visita que tardaba en llegar.
Aunque la chica tenía un móvil, los yonkis decidieron utilizar la cabina de la acera de enfrente para llamar a su visitante que no acababa de llegar. En plena calle Urzáiz, una de las principales de la ciudad, el chico ayudó a la chica a cruzar, pero en lugar del tradicional paso de peatones, ellos prefirieron utilizar un nuevo sistema, que básicamente consistía en lo siguiente:
1º El chico se coloca detrás de la chica que pretende cruzar la calle.
2º Le ayuda a bajar el escalón de la acera.
3º Una vez sobre el asfalto, le dá un empujón cuando cree que hay espacio suficiente para cruzar.
4º Si hay suerte ella llega al otro lado de calle, pisa unas cuantas flores y ¡voilà! hoy ha salido bien.
Después de tanto sufrir para poder llamar, va el tipo y aparece justo cuando ella descolgaba el teléfono. No es que fuera tan simultáneo, es que ella tardó bastante tiempo en descubrir que parte del teléfono era "descolgable".
Los tipos le gritaron a la chica para que no usara el teléfono (me pregunto si llevaba monedas), así que ella intentó cruzar de nuevo para regresar al portal. Como tardaba, porque no tenía a nadie que la empujara, los tipos entraron en el portal.
Al final la yonki consiguió coger impulso y cruzó, pero de repente comenzó a mirar hacia todos los lados extrañada, girando sobre si misma, como si al cruzar la calle hubiera viajado en el tiempo. No sabía ni donde estaba, ni donde estaba su gente. Empezó a caminar calle abajo, avanzaba un poco, se paraba a mirar hacia arriba, y luego seguía bajando. Después vi como subía unos metros y finalmente la perdí de vista.
Cuando se dieron cuenta de que la tipa ya debía haber vuelto, los yonkis, salieron del portal y la buscaron sin mucho éxito. Uno de ellos decidió subir calle arriba. Pensé decirle que se equivocaba, pero no fui capaz, era como en una película, yo solo era una expectadora, no podía interferir.
Afortunadamente la chica consiguió llegar de nuevo al portal por su propio pie. Allí le esperaba su compañero, que curiosamente, era el mismo que estaba con ella cuando yo llegué. Naturalemente faltaba el que había salido a buscarla y empezarón a preguntarse donde estaba.
En ese momento me di cuenta, ¡era un déjà vu!. Yo ya sabía lo que iba a pasar, él la ayudaría a cruzar para llamar al tipo por teléfono, pero entonces, justo entonces... llego mi colega y me fui.

jueves, abril 12, 2007


CUANDO APROBÉ LA SELECTIVIDAD SE ME QUEDÓ CARA DE CULO
Cuando preparaba selectividad no lo pasé muy bien, me puse muy nerviosa. Sin embargo, los días de exámen estuve muy tranquila, y no solo yo... recuerdo que mis compañeros también estaban relajados. Lo que habíamos estudiado ya no importaba, el agotamiento por los exámenes no nos dejaba energía para estar nerviosos.

Entre un examen y otro nos tirábamos en el cesped y allí nos quedábamos inmóviles. Ahora que lo pienso, aquellos días hizo un calor bochornoso, esa debió ser la razón!

Recuerdo como mi DNI se quedaba adherido a la mesa, como si se fundiera el plástico. También recuerdo las gotas de sudor callendo sobre mi exámen de dibujo que quedó muy emborronado.
Hubo bastantes desmallos por golpe de calor y durante los tres días que duraron los exámenes hubo ambulancias fuera acechándonos cual buitres carroñeros. Era habitual comentar cosas como: hoy calleron tres, ayer estuve a punto de caer, la de al lado tenía cara de caer en cualquier momento...
Recuerdo a aquella profesora que nunca antes había visto y gracias a Dios no he vuelto a ver... solo tenía un diente y siempre sonreía, a pesar del calor estaba hiperactiva y por lejos que estuviera siempre te acercaba ella los folios, todavía siento escalofríos al recordarlo.
El mejor recuerdo que conservo es el partido de gaviotas en el exámen de comentario.
Hicimos los exámenes en el gimnasio del instituto de al lado, el techo era de uralita translúcida y se veían los pies de las gaviotas que se posaban sobre él. Era muy divertido ver sus pequeños pies palmeados dar pequeños pasitos. De pronto, todos nos quedamos pasmados mirando hacia el techo. Una de las gaviotas subió una pelota de tenis que había en el tejado hasta la cumbrera y la dejo caer. Cuatro o cinco gaviotas persiguieron la pelota a pie cubierta abajo y repitieron la maniobra varias veces. ¡Parecía un auténtico partido de futbol para gaviotas!
La parte más negativa de la selectividad fue que la frente se me llenó de cientos de granitos muy pequeñitos como consecuencia de los nervios.
Para solucionarlo mi madre se empeñó en llevarme a su esteticista para que me hiciesen una limpieza de cutis. En aquella época yo era tan reacia a ese tipo de cosas como un macho de pelo en pecho, pero aun así accedí.
Pobrecita mi madre, que remordimientos tuvo, porque cuando llegué allí, su esteticista me miró a la cara con atención y sin pudor lo primero que me dijo fue: "lo que a ti te pasa en la cara me pasa a mi en el culo"
Desde entonces se rumorea que tengo la cara como el culo de Paquita, una mujer digna de ser conocida.

miércoles, abril 11, 2007



UN HOMBRE COMO UNA FIGURA DE BELÉN

Cuando era pequeña veraneaba en la playa de A Lanzada con mis abuelos. Alquilában un bungalow en el monte al lado de la playa y allí pasába al menos dos quincenas del verano.

Era habitual coincidir con la misma gente, así que teníamos montada una pandillita de chavalada y lo pasábamos teta.

Cada año nos montábamos una cabaña en el monte, ya que ahí pasábamos la mayor parte del tiempo. La playa solo la pisábamos para ir a darnos un chapuzón o estar "as minchas" (literal).

Hubo una quincena en la que contínuamente nos encontrábamos al mismo tipo cagando de monte en el mismo sitio. Había un par de rocas grandes y cuando pasábamos el tipiño se levantaba con todo al aire y se iba corriendo.

Nos reíamos mucho del pobre fulano, que debía cagar con mucha frecuencia, incluso le tirábamos piñas.

A veces pienso que aquel hombre recuerda ese verano como "el verano que me pasé estreñido porque unos chavales no me dejaban cagar tranquilo", pero sigo sin comprender porqué no se iba a cagar a otro sitio.